Cuando una empresa detecta una oportunidad de mejora, es fácil formularla directamente como una solución: «necesitamos un dashboard», «hay que automatizar esto» o «deberíamos aplicar inteligencia artificial».
El riesgo es resolver bien una pregunta que todavía no estaba bien formulada.
Empieza por la decisión o el proceso
Antes de elegir tecnología conviene aclarar qué está ocurriendo hoy, qué decisión queremos tomar mejor, qué fricción queremos reducir y qué resultado esperamos conseguir.
A veces descubriremos que necesitamos mejores datos. Otras veces habrá que cambiar un proceso, automatizar una tarea o construir algo nuevo.
Pero la solución debería aparecer después de entender el problema.
La tecnología sigue siendo importante
Datos, analítica, automatización e inteligencia artificial pueden ampliar mucho lo que una empresa es capaz de hacer.
La diferencia está en utilizarlos como medios para conseguir un resultado concreto, no como sustitutos de ese resultado.
Una regla práctica
Si no podemos explicar el problema y el cambio que buscamos sin mencionar la herramienta, probablemente todavía falta trabajo de definición.
Eso no significa iniciar un diagnóstico largo o complejo. A veces una conversación breve y unas pocas preguntas son suficientes para decidir si merece la pena actuar y qué nivel de respuesta es proporcional.
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